4 abr. 2018

Mi vida en una calle



Estaba ahí, parada viendo la gente alejarse por esa calle, angosta y linda, no sabía si caminarla o dar media vuelta y alejarme. Todas las veces anteriores me alejaba, a pesar de que me gustaba mucho le temía, sentía que se acabaría el encanto, porque solo esa vez la disfrutaría con asombro.

Tomé al toro por los cuernos y empecé a recorrerla... ahí estaba esa niña que me ha acompañado siempre, sonriente, alegre. Su falda de olanes revoloteaba por sus movimientos al andar, su blusa bordada de chaquira le recordaba el amor de su abuela. 

Felicidad era lo que sentía, todo le bastaba. Por no sé qué razón, esa niña iba descalza y caminaba entre los charcos de agua que se anegaba, era sentir la vida, la frescura, recordar a su madre pidiéndole que no se mojara los pies porque iba a enfermarse. No recuerda haberse enfermado por eso. 



Unos metros más adelante ya era una adolescente, ¡ya usaba tacones! y ahí entre unas personas alcanzó a ver a su primer amor, ¡qué bonito es ese primer amor! Es una lástima que no dure para siempre. Es ahí cuando se dio cuenta que había cambiado, ya no sonreía tanto, ya no estaba tan alegre, la vida se iba poniendo seria, ya pensaba en lo que sería en un futuro, es que en ese punto, solo vivir ya no era suficiente.

Desvió la mirada, no quería pensar en eso, pero era algo que no podía evitar. Continuó su camino, disfrutando los colores, los olores a fruta, a flores, a ropa recién lavada, ¿en qué momento había dejado de poner atención a estos detalles? No lo recordaba, la vida no solo se había puesto sería, se había puesto difícil. Sí, tan difícil como decidir si compraba casa o coche primero, tan difícil como quedarse a trabajar horas extras en lugar de ir al café con amigas, así de difícil. Y siempre elegía lo difícil. 

Y entonces, en esa parte de la calle se vió sola, sin sonrisa, con hermosos zapatos, con aquel lindo manicure que siempre quiso, pero no le bastaba. ¡ Y quería que le bastara! Sin más intentó regresar a buscar a la niña, pero la calle era en un solo sentido, la niña había quedado allá, lejos de su alcance, feliz. 

Se quitó los zapatos para sentir una vez más la calle empedrada y húmeda, caminó así lo que le quedaba para terminarla; se soltó el cabello para que se le enredara, para que cayera en su cara y tener que quitárselo sin cuidado con la mano a pesar que el maquillaje se le corriera, se limpió la mano en la ropa y sonrió, esa sencillez le bastaba. 

Salió de la calle satisfecha, pensando que había sido una vida hermosa, aunque solo durara una calle.


21 jun. 2017

No sé dibujar



No sé dibujar
pero trazo líneas de tu cuerpo en mi memoria.
Ángulos perfectos de tu silueta al caminar.

Organizo los colores al tratar de darte vida,
pero los combino todos al quererte plasmar.

Una borrosa figura he trazado en la hoja,
en mi cabeza sé que eres tú,
pero nadie te reconocerá.
Perfecto te imagino,
imperfecto en mi intentar.

Intento tocarte,
pero mi mano te desdibuja más,
te ha quitado color,
te ha borrado las orillas,
no sé donde empiezas,
no sé donde terminas...
Infinito una vez más.

Queda una sombra de lo que eras
y solo una sombra serás.

17 mar. 2017

Ella solo quería

Ella sólo quería ser feliz.
Y apareciste. 

Final 1:
Fueron felices para siempre.

Final 2: 
Fue infeliz para siempre.

25 ago. 2016

No sé como hablarte

Se me olvidó como hablarte ¿acaso alguna vez supe? Llenarte de quejas porque no tengo esto o aquello, en lugar de agradecer que me sigas dejando aquí, disfrutando de su amor y del tuyo.
44HH
Fuente: Gratisography
No sé como hablarte. Se te olvidó, dice él. Sí sabes, pero te gusta quejarte. Las quejas no son buenas, alimentan la insatisfacción y regocijan la amargura.
Voy a hablarte como le hablo al amigo, con la alegría con la que grito al mundo mi felicidad, con la chispa de emoción que me inspira un proyecto nuevo, con la paz que da el aceptar el "hágase tu voluntad".
Voy a hablarte como me hablas tú, suave, sin prisa, sonriendo, con amor. Te hablaré entre líneas, entre actos, entre sonrisas y entre silencios.
Te hablaré...

11 ago. 2016

Como si nada

Y no la reconoció. Pasó de largo sin turbarse, sin mirarla, sin amarla y con olvido.


Y no le habló. Lo dejó ir como si no hubieran sido. Así, como si nada.

19 ene. 2016

Quijo y Sancho

Se hicieron amigos desde antes de tener uso de razón, cuentan sus madres. Fueron a la guardería juntos, guardería que después se convirtió en jardín de niños y finalmente en primaria. Así que sus primeros once años estuvieron compartiendo el mismo salón de clases y las mismas obras, una de las cuales fue la culpable de sus sobrenombres. Representaron a Don Quijote y Sancho Panza. El físico era tan parecido y lo hicieron tan bien que se les quedó el mote. En toda la cuadra los conocían como "Quijo" y "Sancho".

Quijo era un soñador empedernido, despierto soñaba. Su imaginación no conocía límites y siempre estaba pensando en su siguiente aventura. Sancho era más tranquilo y realista, era el ancla que amarraba a Quijo a su realidad. Se querían de veras, como solo los verdaderos amigos se quieren.

Fuente: Flix
Fuente: Flix
La calle y el parque de la colonia eran su campo de juegos, los habían convertido en planetas llenos de aliens, tsunamis y terremotos habían azotado la tierra, los dinosarurios no les duraron mucho tiempo; a Drácula ya lo habían matado varias veces y, su hombre lobo tenía la característica de convertirse cuando quisiera, no solo en luna llena. Últimamente, Quijo hablaba de unos seres que estaban muertos pero vivos, zombis, escuchó que sus padres los llamaban.

- No me dejan verlos por la tele, porque son peligrosos y me van a asustar. Pero no me asustan, Sancho. Ya los he visto, aquí cerca. Son iguales a como escucho que son, muertos pero vivos, comiendo gente alrededor, ignorándose unos a los otros, menos a los que dan señales de saber qué son.

- ¿Dónde los has visto, Quijo? Yo no he visto de esos por aquí. Otra vez estás imaginando cosas.

- No, Sancho. Ahora sí es real. No los he imaginado, ¡lo juro por mis juguetes! Si quieres te llevo.

- ¡Llévame!

Y empezaron a pedalear sus bicicletas. Parecían dos gallardos caballeros cruzando el campo en sus pequeños caballos de fierro. No pasaron más de 15 minutos cuando Quijo gritó: "¡Ahí, Sancho! ¡Ahí es donde están!". Yo solo veo un letrero enorme, contestó el pequeño Sancho. A lo lejos podía verse un letrero brillante que decía "Molino de Café". "Ahí se esconden" replicó Quijo.

Se acercaron cuidadosamente, bajaron de sus bicicletas y las dejaron en un lugar seguro y cercano por si tenían que huir. Pegaron sus caritas a los cristales para ver a los zombis.

- Aquí no hay zombis, Quijo. Solo son personas tomando café.

- Mira bien, Sancho. Mira como están vacíos, no hay vida ahí dentro, están muertos. Solo los dedos sobre sus celulares y tablets se mueven, pero en realidad están comiéndose a la gente. ¿Ves a aquellos niños sentados allá? Mira como cuando intentan llamar su atención les dan un aparatito para que se entretengan y ¡se conviertan! ¡Tenemos que salvarlos, Sancho! Debemos librarlos de ese mal.

- Quijo, te lo estás imaginando todo. Ya hay que regresar, se está haciendo tarde y nos van a regañar.

- No, Sancho. Primero debemos salvarlos y después con la tranquilidad que da el cumplir la misión, irnos a cenar.

- Quijo, ya tengo hambre. ¡Vámonos!

- ¡No sin antes pelear!

Y Quijo corrió hacia la caja de los fusibles y bajó la palanca. Los zombis al darse cuenta que no tenían luz eléctrica empezaron a levantar la cabeza y decir cosas que los dos pequeños no entendían, solo veían sombras ya que todos los zombis habían activado las linternas de sus celulares. El encargado del lugar salió unos minutos después del apagón para verificar la caja y alcanzó a verlos asomados en los cristales. Les gritó y asustados corrieron a las bicicletas, Quijo tropezó y cayó de bruces sobre la banqueta haciéndose un raspón en la rodilla. Sancho al darse cuenta regresó para ayudarlo a levantarse y poder llegar a las bicicletas.

- ¡Rápido, Quijo! ¡Pedalea! Que nos descubren.

- ¡Esta batalla sí que ha sido peligrosa, Sancho!

Pedaleaban lo más rápido que podían, pero el encargado del café ya había subido la palanca de la caja de fusibles y había luz otra vez en el lugar. Los zombis habían regresado a su estado habitual y él, los había reconocido.

- ¡Ya sé que fueron ustedes, Quijo y Sancho! ¡Le diré a sus padres para que los metan en cintura!

Quijo volteó a ver el Molino de Café y se dió cuenta que todo seguía igual, los zombis seguían siendo zombis. Nada había cambiado, bueno sí, ahora tendría una cicatriz más en su rodilla.

- No importa, Sancho. Seguiremos luchando, y algún día, algún día los venceremos...

- ¡Ay, Quijo! Mejor hay que empezar a ver que secundarias nos quedan cerca, ya ves que este año terminamos la primaria... ¿A poco no te gustaría que siguiéramos estudiando juntos?

- Sí, Sancho... juntos...

17 ene. 2016

Esos ojos...

Podía sentir miedo cada vez que despertaba a media noche y descubría la oscuridad. Sin más, encendía la luz, pero el temor continuaba.

Noche a noche rogaba por poder dormir de un solo jalón hasta que la luz del sol entrara por la ventana de mi pequeño cuarto, pero rara vez sucedía. No recordaba cuando empezó, solo sabía que noche tras noche una vez más sentiría miedo.

¿Pero miedo de qué? De esos ojos que me miraban fijamente por debajo de la puerta y que se paseaban de un lado a otro de ella como esperando el momento preciso para atacar. ¡Eran enormes! A pesar de la obscuridad podía verlos con claridad, brillaban; mi mente se nublaba imaginando todo lo que pudiera suceder si se acercaban.

Una noche, vencí el miedo y los observé con detenimiento. Casi puedo jurar que nuestras miradas se cruzaron por unos segundos, estoy segura que sí. Descubrí que son unos ojos llenos de tristeza buscando algo que han perdido: un objeto, un amor, no lo sé. Su manera de moverse bajo la puerta solo es su desesperación, ¿acaso en mi cuarto se encuentra lo que busca? Esos lamentos de dolor que ví en ellos estremecen el corazón, realmente sufren pero, no lloran.

Ahora, cada vez que abro los ojos a mitad de la noche y los miro ahí una vez más, ruego porque esos ojos recuperen lo que han perdido y puedan cerrarse para no volver jamás.